CONSEJO DE CAPITANES

El constante reto de mantener la posición de piloto 

En aviación, eres tan relevante como tu último Proficiency Check (PC) en el simulador. Tan relevante como tu último Line Check. Tan relevante como tu última decisión en la línea.

Recientemente, el secretario de Transporte de los EE. UU. publicó en sus redes sociales que los pilotos envueltos en incidentes, en los que se pruebe que cometieron un error, deberían perder sus licencias. Esto en un momento en el que hemos observado varios accidentes e incidentes de importancia en Norteamérica. Como aviador, debes estar consciente de que esta es una carrera injusta y que a nadie le importan tus lamentos.

¿A qué me refiero?

Las declaraciones del secretario de Transporte de los EE. UU. han causado revuelo en la industria. En ellas no hay intención de buscar las causas de raíz, ni de analizar las influencias de la cultura operacional de la compañía, ni de estudiar los factores humanos y presiones de la vida que afectan nuestras capacidades en el cotidiano vivir. ¡No! Simplemente… ¡A cancelar licencias!

Pero, por supuesto, esto no es más que el comentario populista de un político que realmente no sabe que, como secretario de Transporte, él no tiene nada que ver con eso. Y que solo está tratando de sonar “firme” para impresionar a su jefe. Sin embargo, hay que reflexionar sobre las demandas y expectativas que uno tiene como aviador, tales como mantener un alto nivel de precisión en cada vuelo, adaptarse constantemente a nuevas regulaciones y tecnologías, y demostrar un desempeño impecable en cada evaluación, sin margen para errores. ¡Sin duda, es una carrera extremadamente injusta!

Lo veo constantemente cuando a algún piloto no le va bien durante una evaluación o chequeo. Es descalificado sin ninguna consideración sobre quién es o cuál ha sido su trayectoria. No importa cuántas historias tenga sobre cruzar el Atlántico, ni cuántas veces haya perdido un motor en el despegue, ni cuántas personas haya enseñado a aterrizar aviones notoriamente difíciles de volar. ¡Si no realizaste una maniobra correctamente, serás descalificado y a nadie le importarán tus lamentos ni tus excusas! Esa es la carrera y esas son las condiciones.

Después de que la pandemia terminó con mi contrato en la empresa en la que pensaba retirarme, fui empleado nuevamente como piloto instructor en los EE. UU. Allí me encontré con otros 14 pilotos instructores, TODOS con vasta experiencia, todos con miles y miles de horas, no solo como capitanes de fuselaje ancho volando internacionalmente, sino también como instructores. Sin embargo, las actitudes eran de “somos instructores” desde el primer día. Las conversaciones giraban en torno a “así lo hacíamos en la compañía X”, pero se prestaba muy poca atención a cómo nos desempeñábamos como estudiantes, empezando desde cero en esta nueva empresa.

Un reducido grupo de pilotos comenzamos a reunirnos para estudiar por separado del resto de la clase. Comenzamos a practicar para el examen oral, algunos incluso nos reuníamos con nuestros compañeros para practicar las llamadas y procedimientos frente a maquetas de papel, algo considerado muy básico. Antes de cada lección estudiábamos los perfiles de emergencia asignados y, al terminar, hacíamos un briefing para los próximos en recibir esa lección.

De los 14 pilotos que comenzamos, solo a un pequeño grupo le interesó participar en estas reuniones de estudio; los demás estaban ocupados con otras cosas más importantes, supongo. Al final del curso, la FAA entregó solo 6 cartas de certificación como instructores; el resto de la clase falló. A nadie le importaron las historias ni los lamentos de los que se quejaron por no haber sido seleccionados, a pesar de estar más que calificados y tener más experiencia de la requerida para ser instructores. Simplemente no pasaron el curso.

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